En los albores de la cinematografía, la cámara no solo capturó momentos de alegría o paisajes cotidianos, sino también sucesos que marcaron el lado más trágico de la experimentación humana. El documento visual que hoy se considera la muerte filmada más antigua que se conserva tiene como protagonista a un inventor que buscaba desafiar las leyes de la física.
El suceso ocurrió el 4 de febrero de 1912 y fue registrado por la prensa de la época. Franz Reichelt, conocido popularmente como el Sastre Volador, decidió realizar una prueba pública de su más reciente invento: un traje paracaídas diseñado por él mismo. Para demostrar su eficacia, eligió la icónica Torre Eiffel como punto de partida para su salto.
El registro fílmico, que tiene una duración exacta de 16 segundos de máxima tensión, muestra los momentos previos en los que el inventor duda en el borde de la plataforma antes de lanzarse al vacío. Lamentablemente, el dispositivo no se desplegó como esperaba, resultando en un impacto fatal contra el suelo que fue captado íntegramente por los camarógrafos presentes.
Este metraje histórico no solo es un recordatorio de los peligros de la aviación temprana, sino que se ha convertido en una pieza de estudio sobre la ética de la imagen y la obsesión humana por el progreso. A pesar del tiempo transcurrido, la claridad de las imágenes sigue impactando a quienes se acercan a este archivo visual único en el mundo.
El traje paracaídas de Franz Reichelt que resultó no ser un traje para caídas.pic.twitter.com/ApYUhNBvCl
— ✍️ Leonardo D'Anchiano (@HdAnchiano) February 2, 2026