Una confesión personal antes de empezar
Tengo que confesar algo. La primera vez que vi ‘El señor de los anillos: Las dos torres’ tenía 12 años. Salí del cine con una sensación rara, incómoda. No era miedo. No era tristeza. Era algo peor: me reconocía en Gollum. En su obsesión. En esa voz que le susurraba al oído diciéndole que lo perdiera todo por un anillo. Y esa incomodidad es exactamente la que define a los grandes personajes. No los que te hacen sentir bien. Los que te obligan a mirarte al espejo.
Hoy, 20 años después, lo tengo claro. Gollum no es solo el mejor personaje de la trilogía de Peter Jackson. Es el mejor personaje de la historia del cine. Y voy a explicarte por qué.
El villano que no es villano
Empecemos con lo obvio. Sauron es el mal absoluto. Un ojo de fuego que quiere cubrir la Tierra Media de oscuridad. Saruman es el intelectual corrompido, el que sabía más que nadie y decidió traicionarlo todo. Pero Gollum... Gollum es diferente.
Gollum no quiere destruir el mundo. No quiere gobernar nada. Gollum solo quiere una cosa: su anillo. Y ese es el primer golpe de genio de Tolkien (y de Jackson). El villano más memorable de la saga no tiene un plan maestro. Solo tiene una adicción.
En mi opinión, eso le hace mucho más humano (y mucho más aterrador) que cualquier orco o espectro. Porque todos conocemos a alguien que ha destruido su vida por una obsesión. Y si somos honestos, todos tenemos un poco de Gollum dentro.
La esquizofrenia como motor narrativo
Aquí es donde el personaje se vuelve legendario. Gollum no es uno. Es dos. Smeagol es el hobbit que fue. El que recuerda la hierba verde, los peces frescos y la amistad. El que llama "maestro" a Frodo y promete portarse bien. Gollum es el monstruo que creó el Anillo. El que susurra "déjalo, es mío, lo odiamos, lo odiamos para siempre". La genialidad está en que nunca sabes cuál va a ganar. En la escena de las escaleras de Cirith Ungol, Smeagol casi se impone. Casi. Y duele verle caer. Duele porque durante un segundo creíste que podía salvarse.
Opinión personal: La mayoría de películas tienen personajes planos porque el guionista tiene miedo a la contradicción. Un bueno es bueno. Un malo es malo. Gollum rompe esa regla en cada escena. Y por eso duele. Y por eso funciona.
Andy Serkis no actuó, habitó
Vamos a hablar del elefante en la habitación. Andy Serkis no hizo captura de movimiento. Andy Serkis hizo magia. Cuando ves a Gollum en pantalla, no ves a un actor con bolitas en la cara. Ves a una criatura miserable, retorciéndose, hablando sola, con los ojos amarillos perdidos en algún punto entre la locura y la desesperación. Serkis no imitó a un personaje. Se convirtió en él.
Y lo mejor de todo es que lo hizo sin referencias. No había ningún otro Gollum antes. No había un manual de cómo interpretar a un adicto al Anillo Único. Serkis se sentó en una silla, leyó tres líneas de guion y creó un arquetipo.
Prueba de ello: Busca en YouTube su audición. Verás a un hombre solo, sin efectos, sin maquillaje, dialogando consigo mismo. Y te juro que verás a Gollum. Eso no es actuar. Eso es poseer un personaje.
En mi opinión, el mayor error de la Academia fue no nominarle a Mejor Actor de Reparto. Porque lo que hizo Serkis es, sin discusión, una de las cinco mejores interpretaciones del siglo XXI.
El Anillo como metáfora de la adicción
Aquí voy a ponerme serio un momento. Porque Gollum no es un personaje de fantasía. Es una persona real. El Anillo Único es una metáfora perfecta de cualquier adicción: drogas, alcohol, juego, poder, obsesión. Lo prometes todo por ella. Traicionas a quienes te quieren. Te aislas. Te consumes. Y al final, cuando ya no tienes nada más, sigues queriéndola.
Gollum lleva el Anillo 500 años. Quinientos. Piensa en eso. Lleva más tiempo con el Anillo que sin él. Ya no sabe quién era antes. Y cuando lo pierde, su única misión en la vida es recuperarlo. No le importa el bien común. No le importa la Tierra Media. Solo el Anillo.
Dato escalofriante: En la vida real, los adictos describen su sustancia exactamente igual. "Es mía. La necesito. Sin ella no soy nadie." Tolkien, que fue soldado en la Primera Guerra Mundial, sabía de lo que hablaba. Vio a compañeros destruidos por el trauma, la morfina y la desesperación. Gollum es el reflejo de esa destrucción.
Mi opinión: Por eso duele tanto verle caer en las escaleras de Cirith Ungol. Porque durante un segundo, Smeagol ganó. Y luego perdió. Y todos sabemos lo que es querer ganar a un demonio y perder.
La redención que nadie vio
Aquí voy a decir algo que quizá te sorprenda. Gollum se redime. No, no se vuelve bueno. No abraza a Frodo y pide perdón. Pero en el momento clave, cuando todo está perdido, Gollum cumple su destino. Mordió el Anillo. Cayó al fuego. Y con él, la oscuridad. ¿Fue un acto de heroísmo? No. Fue un accidente. Gollum no quería salvar la Tierra Media. Quería su anillo. Y al quererlo tanto, lo destruyó.
Paradoja final: El personaje más egoísta, más miserable y más roto de toda la trilogía es el único que podía destruir el Anillo. Porque ni Frodo (demasiado puro) ni Sam (demasiado leal) podían hacerlo. Solo alguien que hubiera tocado fondo podía caer con él. En mi opinión, ese es el mensaje más hermoso y más duro de toda la obra de Tolkien. A veces, los rotos son los únicos que pueden romper lo que nadie más puede.
Por qué Gollum vive en todos nosotros
Termino donde empecé. Con esa incomodidad. Gollum nos incomoda porque nos representa. Todos tenemos un anillo. Algo que sabemos que nos hace daño pero no podemos soltar. Una relación tóxica. Un trabajo que nos destruye. Un rencor que no sabemos perdonar. Una adicción que nos avergüenza. La diferencia es que nosotros podemos pedir ayuda. Gollum no. Porque Gollum ya no recuerda cómo se pide ayuda. Solo recuerda el anillo.
Mi reflexión final: Por eso Gollum es el mejor personaje de la historia del cine. Porque no necesitas entender de magia, de hobbits o de elfos para entenderle. Solo necesitas haber sentido alguna vez que algo te controla más de lo que tú lo controlas a él. Y si eso te ha pasado alguna vez... entonces entiendes a Gollum. Y entonces entiendes por qué duele tanto verle caer.
El legado que nadie podrá superar
20 años después de ‘Las dos torres’, ningún personaje ha conseguido lo que Gollum. Ni Walter White (genial, pero demasiado frío). Ni Tony Soprano (legendario, pero demasiado humano). Ni el Joker de Heath Ledger (icono, pero demasiado arquetipo). Gollum es único porque es contradictorio, patético, aterrador, tierno, repugnante y profundamente triste. Todo en el mismo personaje. Todo en la misma escena.
Y mientras haya alguien viendo ‘El señor de los anillos’ por primera vez, habrá alguien sintiendo esa incomodidad. Reconociéndose en un hobbit deforme que solo quería su anillo. Porque al final, ese es el truco. Gollum no es un monstruo. Es un espejo. Y los espejos no mienten.