El universo de Juego de Tronos, basado en la obra de George R.R. Martin, es conocido por no tener piedad con sus protagonistas, y el caso de Aegon V Targaryen no fue la excepción. Aunque en la serie principal de HBO se le menciona con nostalgia como el hermano del Maestre Aemon de la Guardia de la Noche, su final estuvo marcado por una obsesión que terminó en tragedia absoluta. Aegon V, conocido como "Egg" en las novelas, dedicó sus últimos años a intentar restaurar el poder de su casa mediante el nacimiento de nuevos dragones.
El fatídico evento ocurrió en el año 259 d.C. en el palacio de veraneo de la familia real, conocido como Refugio Estival. En un intento desesperado por eclosionar siete huevos de dragón utilizando fuego real y rituales antiguos, se desató un incendio incontrolable que consumió todo el lugar. Este desastre no solo acabó con la vida del rey Aegon V, sino también con la de su hijo mayor, el Príncipe Duncan el Pequeño, y el Comandante de la Guardia Real, Ser Duncan el Alto.
Este suceso es fundamental para entender el estado de debilidad en el que quedó la dinastía Targaryen antes de la rebelión de Robert Baratheon. La ironía de su destino radica en que Aegon V, quien siempre fue visto como un monarca cercano al pueblo, terminó siendo víctima de la misma ambición mística que intentaba salvar a su familia. Los detalles de esta tragedia han sido pieza clave para conectar los eventos de las precuelas con la historia de Daenerys Targaryen décadas después.