La película japonesa The Ring (Ringu), dirigida por Hideo Nakata en 1998, introdujo uno de los elementos más icónicos y perturbadores del cine de terror moderno: la cinta de VHS maldita. El vídeo en cuestión, que tiene una duración aproximada de 90 segundos, es una composición de imágenes surrealistas y abstractas que, dentro de la trama, condena a muerte a quien lo visualiza en un plazo de siete días.
La efectividad de esta secuencia radica en su estética de metraje encontrado y su atmósfera opresiva, que logró traspasar la pantalla y generar una leyenda urbana real entre los espectadores de finales de los 90. El cortometraje incluye imágenes de una mujer peinándose frente a un espejo, personas arrastrándose y, por supuesto, el emblemático pozo. Este clip fue el origen de la escena más terrorífica de la historia del género: el momento en que el espíritu de Sadako Yamamura (Samara en la versión estadounidense) sale físicamente del televisor.
El impacto de estos 90 segundos de metraje fue tal que redefinió el terror psicológico oriental (J-Horror) y permitió el éxito del remake de 2002 protagonizado por Naomi Watts. A día de hoy, el vídeo sigue siendo objeto de análisis por su capacidad para generar una sensación de incomodidad pura sin necesidad de recurrir a efectos especiales complejos, basándose únicamente en el poder de la imagen analógica y el suspense.